En Londres se conserva un pequeño objeto procedente de Navelgas. Mide menos de doce centímetros y está hecho de bronce. Lleva casi un siglo registrado en el Museo Británico. La pregunta que plantea es sencilla: ¿cómo llegó hasta allí?
No es un objeto recién descubierto. El Museo del Oro de Asturias y el arqueólogo Miguel Ángel de Blas Cortina han documentado su existencia y su procedencia. Lo interesante está en lo que sus documentos cuentan y en lo que todavía dejan sin explicar.
Un hacha mucho más antigua que las minas romanas
Se fabricó aproximadamente entre 1000 y 700 antes de Cristo, en la Edad del Bronce. Es un hacha hueca, con dos anillas, preparada para sujetar un mango de madera. No sabemos quién la utilizó ni para qué tarea concreta.
Según el registro recogido por el Museo del Oro, apareció a unos 1,8 metros de profundidad, cerca de Navelgas y al borde de antiguas explotaciones auríferas. Eso no significa que fuese una herramienta de mineros romanos: el objeto es de varios siglos antes de aquellas explotaciones.

1927: la pieza entra en el Museo Británico
En 1926 una compañía extranjera realizaba nuevas prospecciones de oro en Entrepeñas, cerca de Navelgas. Los investigadores consideran plausible que el hallazgo del hacha estuviera relacionado con aquellos trabajos. No se conoce con certeza el nombre del trabajador que la encontró ni tenemos un relato documentado de su traslado.
La siguiente fecha segura es 1927. El Museo Británico incorporó el objeto a su colección y anotó quién lo había entregado: C. G. Gunthur. Junto a ese nombre figuraba una dirección londinense: 123 Pall Mall.
¿Era Gunthur empleado de la compañía minera? ¿Compró la pieza o la recibió de alguien? Los documentos consultados no permiten responder. Una dirección en un registro tampoco demuestra ninguna de esas hipótesis.
Una pista en Londres que no resuelve el viaje
Los archivos históricos londinenses sitúan en el número 123 de Pall Mall una oficina de Brown, Shipley & Co., una firma bancaria que operó allí en aquella época. Es una coincidencia documental interesante, pero no prueba que Gunthur trabajase allí ni que el banco interviniera en el traslado.
Tenemos así dos extremos conocidos —Navelgas y el Museo Británico— y un vacío entre ambos: quién se hizo cargo del hacha tras el hallazgo, cómo salió de España y en qué circunstancias llegó a la persona que la donó.

¿Podría regresar a Asturias?
España ya disponía de normas de protección de hallazgos arqueológicos y de control de salidas de bienes históricos en 1911 y 1926. Pero sin conocer las circunstancias exactas del viaje no hay base suficiente para afirmar que la pieza saliera ilegalmente ni para descartar una irregularidad.
Una devolución definitiva plantearía cuestiones documentales y jurídicas complejas. Otra vía diferente sería un préstamo temporal para exhibir la pieza en Asturias, si el museo que la conserva lo autorizara.
Está acreditado el origen del hacha en el entorno de Navelgas y su ingreso en el Museo Británico en 1927. Sigue sin documentarse el recorrido completo de la pieza entre el hallazgo y su llegada a Londres.
