De Tineo daba pena marcharse.9
El Ayuntamiento ponía la música
Los días festivos, siempre que el tiempo lo permitía, había baile público en la plaza de Sánchez Campomanes. Lo amenizaba una banda de música costeada por el municipio. Allí estaba también la Casa Consistorial, con su reloj de campana. La música y el baile formaban parte de la vida de esa plaza.2,8
La fiesta continuaba en los cafés. La obra cuenta cuatro salones, cada uno con su sala de billar, y en casi todos se organizaban bailes la mayoría de los festivos, «para solaz de la juventud».3
Y estaba el teatro, un «bonito coliseo» de pequeña capacidad en el que se celebraban funciones a lo largo del año. El retrato se completa con los bolos y la lotería, otras diversiones que el estudio recoge.3,8
El cambio de época se llevaba puesto
En las aldeas, la montera y el calzón corto habían cedido terreno a la boina, la gorra, el sombrero y el pantalón largo. Aparecían la blusa y la americana; los borceguíes sustituían a las abarcas, aunque los escarpines y las almadreñas seguían usándose cuando llovía. El apartado de vestidos recoge una transformación que ya estaba en marcha: el cambio en la indumentaria ya era visible cuando se escribió la obra.5,6
Entre las mujeres, la descripción se detiene en el traje de fiesta de «la lugareña acomodada»: saya fina, delantal de terciopelo, adornos de seda y pañuelo de vivos colores. El concejo cambiaba de aspecto. En las páginas de 1913, ese cambio ya estaba a la vista.6,7
La casina, el hospitalillo y la luz de Belmonte
El agua llegaba del manantial de La Reguerona, en la sierra de Tineo, a un kilómetro de la población. Una tubería de hierro la llevaba hasta un depósito en la parte alta de la villa, desde donde se repartía a cinco fuentes. La obra conservó el nombre que se le daba a ese depósito: «casina del agua».1
Unas páginas después aparece otra palabra que suena a Tineo: «hospitalillo». Con ella nombraba el autor el pequeño hospital que proponía construir en un paraje sano, aireado y con buen abastecimiento de agua, especialmente para atender a los vecinos sin recursos que padecieran enfermedades contagiosas. Invocaba los «sentimientos humanitarios». Pedía atención para quienes tenían menos medios para afrontar la enfermedad.14
La luz venía de Belmonte. La electricidad de incandescencia alumbraba los espacios públicos y, según el estudio, la generalidad de los domésticos de la villa.4
También con aulas abiertas de noche. Las dos escuelas públicas elementales de la villa, una de niños y otra de niñas, ofrecían clases nocturnas para adultos. El autor reconocía la dedicación de sus maestros. Además de la enseñanza infantil, había clases para quienes querían aprender en la edad adulta.12
Marcharse y seguir siendo de aquí
También había jóvenes que se iban. La obra habla de un incremento de la emigración que juzga «verdaderamente alarmante» y dice que la juventud buscaba «las repúblicas americanas para labrar su propia suerte». El autor relacionaba las partidas con unas industrias insuficientes para colmar sus aspiraciones y con el ejemplo de quienes habían prosperado fuera. El futuro se buscaba también al otro lado del Atlántico. Esa memoria tiene otros capítulos en este periódico, como la historia del Club Tinetense de Buenos Aires: el nombre de Tineo conservado lejos de casa.10
En verano regresaban algunas familias originarias del concejo que vivían fuera. Eran pocas y de posición relativamente desahogada, precisa la obra; buscaban reposo y una vida que el observador consideraba saludable y económica. Volvían a pasar una temporada en su tierra.10
El hombre que se llevó Tineo consigo
La pena de marcharse de Tineo llegó a servir de pista para buscar al autor de estas páginas. El propio autor se incluyó entre los forasteros que habían salido «pesarosos de la villa» y conservaban «gratas añoranzas». Había estudiado sus aguas, sus casas, sus alimentos y sus costumbres. Al hablar de su hospitalidad, dejó también una confesión de cariño.9
Francisco Feo Parrondo siguió ese rastro y en su libro de 1996 propuso un nombre: Evaristo Cueli Peón, subdelegado de Medicina en Tineo desde 1904. Es una atribución posible; la ficha de la Academia sigue sin asignar autor.13