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MEMORIA · GUERRA CIVIL · PALACIO DE MERÁS

El niño del Palacio de Merás que regresó para reconstruirlo

Nicolás Arganza vio cómo los militares ocupaban la casa familiar de Tineo. Su infancia dejó una anécdota con un camión de soldados; su vida profesional le llevó a rehabilitar el mismo palacio.

28 de octubre de 2026 · Redacción

Fachada actual del Palacio de Merás en Tineo, fotografiada en 2020
El Palacio de Merás, en la calle Pío Cuervo. Fotografía de Xuliu Pombar / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen actual, no de la guerra.

Desde el balcón de la cocina del Palacio de Merás, un niño de Tineo vio llegar a los soldados. Se llamaba Nicolás Arganza García y tenía cinco años, según el recuerdo que muchos años después relató al periodista Marcos Palicio. Aquel palacio, en la actual calle Pío Cuervo, junto al Ayuntamiento y la plaza del Fontán, acabaría convertido en cuartel. Lo extraordinario de la historia es que Nicolás volvería décadas después para dirigir la rehabilitación de la misma casa.

No había nacido allí, sino en una vivienda de la calle Mayor que posteriormente sirvió de oficina de Telégrafos. Su familia se trasladó al palacio, adquirido en 1895 por un bisabuelo materno al que recordaba como vaqueiro de Cezures y comerciante de vino de León. Compartió la compra con Pompeyo Pérez, comerciante procedente de Sahagún, según la memoria familiar.

Una memoria vecinal publicada en 2007 añade otra estampa del edificio: la tienda de don Pompeyo, donde, según un antiguo alumno de una academia situada en el piso superior, podía comprarse desde un botón hasta una cama. El vecino recordaba también a dos profesoras, Mercedes y Flor. Es un testimonio sobre usos posteriores del palacio; no permite asegurar que aquel don Pompeyo fuese la misma persona que participó en la compra de 1895 ni que ejerciese una profesión sanitaria. Consultar el testimonio vecinal.

Alvarina y el camión de soldados

En el palacio se establecieron los llamados Voluntarios de Pontevedra. Arganza recordaba una escena que podía haber acabado de otro modo: se subió a un camión militar dispuesto a partir y Alvarina, una mujer que trabajaba en la casa, tuvo que bajarlo antes de que el vehículo se marchara. Él mismo contó que, durante aquella infancia, jugaba con proyectiles y observaba los movimientos de los soldados.

El relato sitúa la ocupación del inmueble cuando el niño rondaba los cinco años, aproximadamente en 1937. No hay que confundir ese recuerdo con la entrada inicial de las columnas sublevadas en la villa, ocurrida el 25 de agosto de 1936. Son momentos diferentes cuya relación exacta todavía necesita documentación militar.

Según el testimonio de Nicolás, su abuelo pagó 60.000 pesetas para recuperar el palacio y gastó otras 37.000 en repararlo. Las cantidades proceden de su memoria; no se han localizado los recibos originales.

Un padre en el exilio

Su padre, Blas Arganza de la Uz, era abogado y juez. Mantenía amistad con José Maldonado, quien sería presidente de la República en el exilio. El registro estatal PARES atribuye a ambos la fundación de un periódico llamado El Despertar. Durante la guerra, Blas abandonó Asturias, pasó por Francia y terminó exiliado en la República Dominicana y México. La documentación mexicana lo identifica como asilado político. Regresó a España en 1947.

La historia de la casa no fue, por tanto, solo una cuestión de soldados alojados en un edificio: fue también una historia de separación familiar y de la trayectoria de un hombre que vivió fuera de España durante años.

La calle Mayor, el Café Cervantes y El Viso

En la memoria del arquitecto había también otro Tineo: los baños en la playina de Posada, el fútbol en El Viso y las verbenas de las fiestas, cuando don Paco y Aurelio el de la Roca dirigían la banda y la música grabada sonaba frente al Café Cervantes durante los descansos. Nicolás atribuía a una profesora llamada Matilde el consejo de estudiar Arquitectura después de ver uno de sus dibujos.

Estudió en Madrid, jugó al rugby a nivel internacional y trabajó posteriormente como arquitecto en Asturias. Su firma quedó ligada a edificios conocidos de Tineo, entre ellos el polideportivo, la recuperación del Palacio de los García de Tineo como Casa de Cultura y construcciones de La Curiscada.

El círculo se cerró cuando el empresario Benjamín Alba le encargó rehabilitar el Palacio de Merás para convertirlo en hotel. El niño que había visto salir de allí a su familia regresó para restaurarlo. Nicolás Arganza falleció el 17 de abril de 2021, dejando en su villa natal una historia que puede recorrerse entre la calle Mayor y el palacio.

Documentación consultada: Entrevista de Marcos Palicio a Nicolás Arganza; ficha archivística de Blas Arganza (PARES); Colegio de Arquitectos de Asturias. Los recuerdos infantiles son testimonios personales, no actas militares.
También en Memoria: El futuro rector y las 75 pesetas de Tineo · La Mantequera durante la guerra.