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ECONOMÍA · MEMORIA · GUERRA CIVIL

Mantequilla para Sevilla, naranjas para Tineo

En plena Guerra Civil, la Mantequera de Tineo reanudó el trabajo y envió productos lácteos al sur de España. Sus camiones regresaban cargados de aceite y naranjas. La historia comenzó con un comerciante de Villatresmil.

28 de octubre de 2026 · Redacción

Vista de la villa de Tineo, fotografía de 2007
Vista de la villa de Tineo. Fotografía de Sitomon / Wikimedia Commons (dominio público, 2007). No representa la fábrica de la Guerra Civil.

De Tineo salía mantequilla; de Sevilla regresaban aceite y naranjas. Mientras la Guerra Civil dividía España, una industria del concejo encontró la manera de mantener negocios a cientos de kilómetros. La Mantequera de Tineo, que ya se había hecho un nombre en ferias y mercados, sobrevivió a las interrupciones del frente y reorganizó sus transportes por carreteras difíciles.

La historia está documentada en una investigación de Alicia Langreo Navarro sobre la industria láctea asturiana. Tiene nombres, fechas y escenas comerciales que ayudan a comprender otra dimensión de la guerra: el trabajo de quienes recogían nata, envasaban manteca y conducían camiones.

Francisco, el sereno y los clientes de Madrid

La empresa sitúa su origen en 1920 y lo relaciona con Francisco Álvarez García, natural de Villatresmil. Sus primeros negocios aprovechaban la red comercial de su padre, que había trabajado como sereno en Madrid. A la iniciativa se incorporaron el abogado Quintín López Méndez y Rafael Llanes Argüelles, que aportó capital. Más tarde participó el empresario leonés Marcelino Rubio, y el veterinario tinetense Faustino Mon Díaz contribuyó a su proyección comercial.

En los primeros años se compraba manteca en mercados semanales, se trataba y se envasaba. La industrialización de la recogida de nata cambió el negocio y provocó competencia por la materia prima, especialmente con Mantequerías Arias. La red de proveedores se amplió por Tineo, Salas, Luarca, Belmonte y Cudillero.

En 1929, la firma consiguió un premio por sus quesos y mantecas en la Feria de Gijón, donde exhibió una máquina centrífuga. La marca Imperial ya distinguía sus productos. También contrató técnicos extranjeros, Faber y Broesman, para desarrollar quesos de tipo europeo. Había encargado un pasteurizador que terminó retenido en Santander al estallar la guerra.

Rutas secundarias para abastecer Oviedo

La fábrica paró durante el período inicial en que Tineo estuvo bajo control republicano. La villa fue ocupada por las fuerzas sublevadas el 25 de agosto de 1936 y, según Langreo, la actividad empresarial se reanudó después.

Primero llevó leche líquida a Oviedo por carreteras secundarias, porque el control militar del territorio entre ambos puntos no era uniforme. Reanudó la fabricación de mantequilla y queso y, una vez restablecida una ruta comercial por León, comenzó a enviar mercancías a Sevilla. En sentido contrario subían aceite y naranjas. La compañía contó con representación y venta directa en la capital andaluza y, en los años siguientes, atendió a comercios y pastelerías de otras ciudades.

Este comercio explica que la guerra no paralizase todas las relaciones económicas del concejo. Tampoco permite asegurar cuáles eran los itinerarios exactos de cada camión: la investigación describe el corredor de transporte, no proporciona hojas de ruta ni matrículas.

Una historia anterior que no debe confundirse

La geografía médica de Tineo de 1913 ya mencionaba una fábrica de manteca en Fondos de Villa, varios años antes de la fecha que la actual Mantequera toma como inicio. Es un antecedente relevante de la actividad láctea local, pero no hemos comprobado que fuese el mismo establecimiento. El periódico ya dedicó un reportaje a aquella fábrica de 1913.

En 1940, Mantequera de Tineo se transformó en sociedad anónima, con un capital de 2.050.000 pesetas. Su historia continuó hasta nuestros días con las marcas Imperial y Lorenzana y el traslado a La Curiscada en 2020. Allí existe un museo sobre la tradición mantequera. Pero aún hay una dirección que no debe darse por demostrada: el domicilio social documentado en tiempos posteriores en Fernández Capalleja, 5 no basta para ubicar la fábrica de 1937.

En aquellas instalaciones de la guerra encontró trabajo un joven de 16 años llamado Teodoro López-Cuesta, contratado por Quintín López con un sueldo de 75 pesetas al mes. Décadas después dirigiría la Universidad de Oviedo. Su paso por la fábrica une la historia económica de Tineo con una de las biografías académicas más conocidas de Asturias.

Documentación consultada: Alicia Langreo Navarro, Historia de la industria láctea española, pp. 337–340; ficha actual de la empresa en La Curiscada; reportaje con publicidad y envases históricos de Imperial. No se ha identificado la dirección original de 1937.
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