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LAS ASTURIAS DE TINEO PERIÓDICO DIGITAL
MEMORIA · TUÑA Y TINEO · 30 OCT 2026

Rafaelín, antes del general: las cartas a su familia

En 1807, con veintitrés años, Rafael del Riego se aburría en Madrid, preguntaba por su padre enfermo y esperaba noticias de su madre. Sus cartas muestran al hombre que todavía no era un símbolo político.

Casa natal de Rafael del Riego, conocida como La Chamborra, en Tuña. Fotografía: Andoya, CC BY-SA 4.0.
Casa natal de Rafael del Riego, conocida como La Chamborra, en Tuña. Fotografía: Andoya, CC BY-SA 4.0. Imagen y licencia.

Rafael del Riego tenía veintitrés años y estaba aburrido en Madrid. El 2 de noviembre de 1807 escribió a sus padres para contarles que en la capital había «tertulias miserabilísimas». Se jugaba al tresillo, pero las partidas no se parecían a las asturianas y las apuestas le parecían tan pequeñas que apenas daban emoción. No era el tono del militar destinado en la Corte ni del futuro personaje histórico: era el de un muchacho que, lejos de casa, necesitaba contar algo, aunque fuera que las tertulias de Madrid no valían gran cosa.

En aquella misma carta preguntaba por la salud de su padre, Eugenio Antonio del Riego, que estaba convaleciente. Lo animaba a recuperarse, volver a componer seguidillas, atender sus flores y brindar con los amigos. A su madre, Teresa Flórez, le afeaba con cariño que llevara dos correos sin dedicarle unas líneas. Se permitía llamarle «duque de Tuña» a un primo de la casa de La Torre y llegó a firmar una carta con un apodo bastante extraño para un hijo del occidente asturiano: «El Americano». En pocas líneas aparecen el humor, la confianza y los sobreentendidos de quienes se conocen desde siempre.

Las personas y los lugares a los que volvía en sus cartas

Rafael había nacido en Tuña el 7 de abril de 1784, aunque su familia se mudó a Oviedo cuando aún era pequeño. Eso no rompió el vínculo con el pueblo ni con los parientes de la villa de Tineo. Su hermano Miguel lo recordó muchos años después como el «Benjamín» de su madre: era el más dispuesto a hacerle recados, cobrar rentas, conseguir provisiones y recorrer los caminos entre Oviedo, Tuña y Tineo. No era únicamente el hijo de una casa hidalga que estudiaba para hacerse militar; era también aquel a quien Teresa encargaba las cosas porque sabía que las haría.

En los recuerdos familiares aparecen rincones que todavía pertenecen a la geografía sentimental de Tuña. Estaba la iglesia de Santa María del Pedrero, en la que fue bautizado; estaban sus tíos de La Torre; y estaba la romería del Cristo de Peñas, en Bombeao, que aquellos familiares organizaban. La capilla cambiaría de emplazamiento durante el siglo XX, pero la devoción y el nombre del lugar sobrevivieron.

Enriqueta García Infanzón, la escritora tinetense que firmaba como Eugenia Astur, tituló «Rafaelín» el primer capítulo de su biografía. Recogió juegos de infancia y también una anécdota familiar: una prima, convencida de que los suyos tenían sangre azul, se echó a llorar cuando unas zarzas le hicieron sangrar de color rojo. Pero lo más próximo está en detalles mucho más corrientes. Rafael y sus hermanos habían comprado pequeñas navajas y objetos para jugar en una tienda que Miguel recordaba desde Inglaterra; la familia visitaba a sor María Teresa, la tía religiosa de San Pelayo que les enviaba dulces y escapularios. No sabemos el nombre de aquella tienda. Sí sabemos que, muchos años después, uno de los hermanos aún se acordaba de ella.

Grabado de Eugenio Antonio del Riego, padre de Rafael
Eugenio Antonio del Riego, padre de Rafael. Grabado histórico. Procedencia y licencia.

Siete meses sin ver a sus padres

En una carta de finales de noviembre de 1807, Rafael contaba que llevaba siete meses sin ver a sus padres. Le habían hablado de un posible viaje militar para recibir a una princesa destinada a casarse con el futuro Fernando VII. Lo que más le interesaba de aquella perspectiva era la oportunidad de acercarse a casa: si la comitiva llegaba a Bilbao, confiaba en conseguir unos quince días de permiso y viajar por mar para visitar a los suyos. No conocemos todos los detalles de aquel supuesto encargo, que terminó por desvanecerse, pero su ilusión sí quedó en la correspondencia.

En el mismo intercambio se acordaba cariñosamente de Mariquina, una de sus sobrinas y enviaba recuerdos incluso a algunos animales domésticos de la familia. Los extractos conservados no permiten conocer sus nombres, pero sí aquel detalle de la despedida. Su hermano Joaquín, que también estaba en Madrid, añadió unas líneas para responder a las bromas de las hermanas: apenas habían ido a ver tres comedias. Según Eugenia Astur, su hermano Miguel también pudo visitarlo en Madrid antes de proseguir viaje hacia Burgos.

El 12 de diciembre de 1807, Rafael volvió a escribir. Hacía «un frío grandísimo». Su padre continuaba delicado y él apenas encontraba novedades. Al día siguiente esperaba escuchar por segunda vez a un músico portugués de clavecín en una casa madrileña. Había terminado hablando tanto del tiempo que bromeó sobre la poca sustancia de su carta. También le decía a su madre cuánto deseaba verlos, aunque ya comprendía que el regreso tendría que esperar. Ni aquel año ni probablemente el siguiente, decía, podría abrazarlos. A sus hermanas les dejó además una recomendación entre cariñosa y burlona: «que no sean loquinas» y que se conformaran con «pocas guapezas», porque los tiempos no estaban claros.

En Francia volvió a pedir noticias de casa

Al poco tiempo llegó la guerra. Rafael fue hecho prisionero en 1808 y pasó varios años en Francia. Las cartas familiares, que antes habían servido para bromear con los padres y hablar del tresillo o del frío, se convirtieron en una necesidad. En 1813 lamentó que, después de casi cinco años de cautiverio, solamente hubiera recibido una carta de Eugenio. Le pidió que escribiera por lo menos una vez al mes y que le enviara también algunas de sus composiciones.

Entretanto, la guerra había golpeado a la familia. Teresa Flórez murió el 7 de octubre de 1810 en Villanueva de Sorriba, en casa de su yerno Joaquín del Riego Bustillo, tras los desplazamientos a los que se había visto obligada. Fue enterrada en Tuña. Poco después murió también Josefa, hija mayor del matrimonio. Las cartas conservadas no permiten fechar el momento en que Rafael conoció ambas noticias. Lo que sí dejan ver es su insistencia por saber de los suyos y la distancia creciente entre la vida familiar que había dejado y la que encontraría al regresar.

La familia siguió escribiendo desde el exilio

Los años siguientes dejaron otra correspondencia familiar, mucho más dolorosa. Rafael se había casado por poderes en 1821 con su sobrina María Teresa del Riego y del Riego, conocida como la Puchurra. La convivencia fue breve y ella terminó exiliada en Londres con su hermana Lucía y Miguel del Riego, hermano de Rafael.

El 14 de noviembre de 1823, Miguel escribió al ministro británico George Canning para pedir ayuda para su hermano. Ignoraba que Rafael había sido ejecutado en Madrid el día 7. El contraste con las cartas juveniles es doloroso: en 1807, Rafael se impacientaba porque su madre tardaba en escribirle; ahora su familia intentaba salvarlo sin saber que ya había muerto.

María Teresa, su esposa —no su madre, Teresa Flórez, fallecida en 1810—, murió en Londres el 19 de junio de 1824, a los veinticuatro años. Su testamento conserva una dirección, 13 de Seymour Place, Little Chelsea, y una petición íntima: que el pañuelo negro de seda recibido de Rafael se uniera algún día a la empuñadura de su espada.

La correspondencia familiar permite seguir los vínculos de Riego con sus padres, hermanos y sobrinos antes de su protagonismo político y durante sus años de guerra y exilio.

Retrato de María Teresa del Riego, la Puchurra
María Teresa del Riego y del Riego, «la Puchurra». Museo Nacional del Romanticismo. El libro de Senén González Ramírez, 248 personajes para la historia del concejo de Tineo (1993), reproduce también su imagen y recoge esos apellidos. Procedencia y licencia.

Fuentes y documentación

Testimonios familiares recogidos por Eugenia Astur, documentos de la Biblioteca Nacional, correspondencia estudiada por Víctor Sánchez Martín y el testamento de María Teresa analizado por Gloria Sanz Testón.

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