A orillas del Narcea, en pleno invierno, dos pastores se ponen a hablar de política. Uno se llama Rústico; el otro, Sencillo. El primero trae noticias de Tineo: la villa ha organizado dos días de festejos porque un hombre nacido en Sorriba acaba de alcanzar uno de los cargos más importantes de la monarquía española.
Los pastores no existieron. Los inventó Eugenio Antonio del Riego Núñez, vecino de Tuña, para celebrar el ascenso de Pedro Rodríguez de Campomanes al gobierno del Consejo de Castilla. Las fiestas habían tenido lugar los días 17 y 18 de enero de 1784, y el poeta las convirtió en una égloga, el género en que los pastores literarios conversaban sobre asuntos bastante menos pastoriles que el ganado.
Dos pastores para un señor muy importante
Rústico relata a Sencillo las celebraciones, la música y los fuegos. Sencillo responde con elogios al homenajeado y a la tierra que lo vio nacer. En un momento llega a exclamar:
El escritor tenía 35 años. Había nacido en Canarias, pero se estableció en Tuña, se casó allí y fue capitán de milicias en Santianes de Tuña. Se movía en ambientes ilustrados y conocía personalmente a Campomanes. También escribía trabajos sobre economía y costumbres, algunos premiados por sociedades ilustradas. El poema de las fiestas llegó a imprimirse en 1785.
El poeta cortesano que llamó «jumentillos» a los nobles
En 1787, la censura rechazó otra obra de Eugenio del Riego, El criticón aldeano. ¿La razón? Entre otras expresiones poco respetuosas con las jerarquías sociales, el autor afirmaba que los nobles eran unos «jumentillos cargados con el ídolo de la nobleza».
El mismo hombre que había escrito una solemne felicitación al conde de Campomanes sabía, por tanto, emplear la pluma con bastante menos ceremonia. Una cosa era admirar a un reformador de la monarquía; otra, renunciar a burlarse de la vanidad nobiliaria. Aquellos «jumentillos» muestran que su pluma no se dedicaba únicamente a los homenajes cortesanos.
En 1787, Eugenio obtuvo la administración de Correos de Asturias y se trasladó con su familia a Oviedo. Eugenia Astur relacionó el nombramiento con Campomanes; su hijo Miguel recordó, en cambio, el apoyo decisivo de un pariente, Antonio Valdés. Eugenio siguió escribiendo, a veces bajo el seudónimo de Eudelino Egregio, un juego de letras con su nombre.
Una familia a la que todavía le quedaban capítulos
Cuando Tineo celebraba a Campomanes, Eugenio estaba a punto de ser padre de Rafael del Riego, nacido en Tuña el 7 de abril de 1784. Treinta y seis años después, Rafael encabezaría el pronunciamiento que obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz. Fue ejecutado en Madrid en 1823. Su padre había muerto en 1816, de modo que no llegó a conocer ese desenlace.
También escribía para los suyos. A su nieta María Teresa del Riego y del Riego, la Puchurra, le dedicó unos versos donde la llamaba «mi Raquel» y la comparaba con las flores. En sus últimos años, cuando el reuma lo retenía en su habitación, aquella niña le acercaba las macetas y le ayudaba a escribir. El poeta que había compuesto una égloga para Campomanes encontraba inspiración también en su pequeña jardinera. La historia familiar de Rafaelín y la Puchurra continuaría hasta Londres.
La historia aún tuvo otro recorrido. Miguel del Riego, otro hijo de Eugenio, era canónigo de Oviedo y terminó exiliado en Londres. Allí publicó las obras poéticas de su padre en el siglo XIX, incluida aquella égloga de Rústico y Sencillo. El grabado que ilustra esta noticia procede precisamente de esa recuperación editorial.
Al final, los dos pastores imaginarios del Narcea consiguieron viajar bastante más lejos de lo que habría previsto su autor: de las fiestas de Tineo a las imprentas de Madrid y, años después, a un libro editado en Londres por una familia marcada por la historia política de España.
