Madrid, 5 de abril de 1851. En el Congreso se discute la deuda pública. El Gobierno quiere alargar la sesión y sus ministros van votando a favor. Hasta que le toca hablar a uno de ellos, nacido muy lejos de Madrid, en Villatresmil, una parroquia de Tineo.
Santiago Fernández Negrete pronuncia una sola palabra: «No». La respuesta desconcierta a sus compañeros, desata el alboroto en la Cámara y acaba con la sesión. Aquel político asturiano acaba de votar contra su propio Gobierno.
Al día siguiente, su dimisión aparece publicada en la Gaceta de Madrid. Su primera etapa como ministro ha durado menos de tres meses.
Fue ministro dos veces, y de dos ministerios distintos. Entre enero y abril de 1851 dirigió Comercio, Instrucción y Obras Públicas; entre junio de 1858 y enero de 1863, Gracia y Justicia. A ello sumó una larga carrera como diputado y, posteriormente, como senador. Una trayectoria nacional que comenzó en una pequeña localidad del concejo de Tineo.
El «no de Negrete»: la votación que precipitó su dimisión
El detalle que hace más singular la historia es que no se votaba la aprobación de una ley. Se decidía si se prolongaba aquella sesión, en la que se debatía el arreglo de la deuda pública. Negrete, ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas en el gabinete de Juan Bravo Murillo, se desmarcó de todos sus compañeros.
La historiografía recuerda el episodio como el «no de Negrete». Bravo Murillo llegó a escribir sobre él años después. El ministro explicó posteriormente que su discrepancia no estaba en el fondo de la reforma, sino en las prisas con que se pretendía resolver el debate. La crisis desembocó en su salida del gabinete y las Cortes fueron disueltas dos días después. No cayó entonces el Gobierno, como a veces se ha contado.
Su familia en Villatresmil y su padrino escultor
Hay que regresar a Villatresmil, 11 de febrero de 1799. Nace un niño al que bautizan al día siguiente con un nombre bastante más largo que el que pasaría a la historia: Santiago Antonio Saturnino Fernández y Gómez Negrete.
Su padrino fue el escultor Antonio Fernández Palomino, uno de los artistas de una familia que dejó tallas e imágenes religiosas por iglesias del occidente asturiano. El dato figura en la partida bautismal reproducida por Julio Antonio Fernández Lamuño en Crónicas de Tineo (1999).
Negrete estudió Cánones y Jurisprudencia en Oviedo y continuó su formación en Alcalá de Henares. Las semblanzas tradicionales hablaban del hijo de campesinos humildes que había alcanzado la cima por sus méritos. Investigaciones posteriores, apoyadas en documentación familiar, matizan aquel retrato: su entorno tenía más recursos y relaciones de los que sugería la leyenda.
¿Y de dónde sale «Negrete»? En los documentos aparece también como Fernández Gómez, mientras que su nombre bautismal incluye Gómez Negrete. No era un apellido cualquiera: sus tíos maternos Santiago Gómez Negrete, comisario vinculado a la represión del liberalismo, y fray Manuel Gómez Negrete tenían relaciones con el poder de Fernando VII. El historiador Higinio Rodríguez Lorenzo señala que ese entorno lo ayudó en su formación, pero que sus conexiones absolutistas pudieron convertirse después en un inconveniente. El mismo apellido que abría puertas también podía levantar sospechas.
De Villatresmil al Gobierno: estudios, cargos y relaciones políticas
Negrete no saltó directamente de Villatresmil a un ministerio. Se hizo jurista, obtuvo la licenciatura en Leyes en 1826, desempeñó cargos administrativos y judiciales, trabajó en la Audiencia de Extremadura y atravesó ceses y cambios de régimen. En Montemolín llegó a ser alcalde, se vinculó a la propiedad rural y acabó teniendo un patrimonio considerable.
En 1843 fue elegido diputado por Badajoz. Compartió escenario parlamentario y partido con Juan Bravo Murillo, figura a la que estuvo estrechamente ligado en su ascenso político: cuando Bravo Murillo presidió el Gobierno en 1851, lo incorporó al gabinete. Tras su ruptura y varios años fuera de la primera línea, volvió al Consejo de Ministros de la mano de Leopoldo O’Donnell y la Unión Liberal. Su formación jurídica, sus relaciones con los dirigentes, su implantación electoral y su posición económica ayudan a explicar el recorrido. Lo que no permiten las fuentes es reducir sus nombramientos a un simple favor de sus tíos.
Diputado por Badajoz y después senador
Su apellido es tinetense, aunque buena parte de su vida transcurrió lejos de Asturias. Trabajó en la administración de justicia de Extremadura, se casó en Montemolín (Badajoz) y fue elegido diputado por aquella provincia. La política española del siglo XIX estaba llena de caminos inesperados, y el suyo pasaba por la tierra extremeña antes de llegar a los ministerios de Madrid.
En sus inicios aparecen también los nombres de otros asturianos con peso en el liberalismo, entre ellos Rafael del Riego, nacido en Tuña, y Álvaro Flórez Estrada. Décadas después, Negrete se acercó a posiciones políticas más moderadas y acabaría incorporándose a la Unión Liberal de Leopoldo O'Donnell.
María Antonia, seis hijos y una familia con dos bandos
En 1833 se casó con María Antonia Huertas y Murillo, hija de Joaquín Huertas, coronel de caballería, y natural del entorno de Montemolín, en Badajoz. Allí se asentó el matrimonio. Los historiadores vinculan esta unión con el patrimonio y las relaciones locales que Negrete consolidó en Extremadura, aunque de la vida personal de María Antonia conocemos menos detalles que de la carrera pública de su marido.
Tuvieron seis hijos. El mayor, Antonio, siguió la senda política y fue diputado por Llerena, distrito que había representado su padre. Otro, Atilano Fernández Negrete, tomó un camino muy distinto: sirvió en las filas carlistas durante la Tercera Guerra Carlista, ya después de fallecer Santiago. Tres cartas conservadas en el Archivo Histórico Provincial de Asturias lo muestran pidiendo a Posada Herrera ayuda para pasar al ejército gubernamental y dejar atrás su pasado carlista. En una misma familia cabían, literalmente, distintas lealtades políticas.
Su papel en las reformas hipotecaria y notarial
En 1861, Isabel II sancionó la primera Ley Hipotecaria española moderna, refrendada por el ministro nacido en Villatresmil. Su propósito era dar claridad y seguridad a la información sobre la propiedad de las fincas, sus titulares y las cargas que pudieran afectarlas. Dicho de manera sencilla: que comprar una tierra o una casa no dependiese solo de confiar en lo que alguien decía que era suyo.
La reforma fue fruto del trabajo de juristas, comisiones y parlamentarios, no una ocurrencia individual. Pero Negrete tuvo una intervención política y ministerial destacada en su tramitación. También durante aquel mandato se aprobó la Ley del Notariado de 1862. Por eso su nombre sigue apareciendo en los estudios sobre el nacimiento del sistema registral español.
«Hasta en el pedir sois pobres»: la frase que se cuenta en Villatresmil
En su tierra natal se conserva otra escena, esta vez sin bancos azules ni votaciones. Según una tradición recogida en las biografías locales, unos vecinos le pidieron ayuda para arreglar su iglesia. Al ministro se le atribuye una contestación con retranca: «Hasta en el pedir sois pobres».
No conocemos una transcripción contemporánea de aquella conversación, así que conviene tomarla como lo que es: una anécdota transmitida por la memoria local. Sí hay referencias materiales a la vinculación de los Fernández Negrete con la iglesia de San Esteban. Crónicas de Tineo recoge, a través del testimonio de un vecino, una ayuda de 10.000 reales para las obras del pórtico, sin que ello permita concluir que saliera de su patrimonio personal.
Una inscripción en el templo recuerda las obras de una capilla en 1862 y precisa que Santiago Fernández Negrete era entonces ministro de Gracia y Justicia y había sido bautizado allí. Su hermano José también aparece asociado a las capillas familiares. En Villatresmil, a diferencia de lo que sucede con tantos nombres de viejos gobiernos, queda algo más tangible que una fecha en una enciclopedia.
Una fecha de fallecimiento mal transmitida
Numerosas publicaciones, entre ellas Crónicas de Tineo, fijaron su fallecimiento en 1875. Pero una investigación de Higinio Rodríguez Lorenzo localizó noticias necrológicas y anuncios religiosos publicados en 1869. En La Correspondencia de España del 16 de marzo de aquel año se anunciaba una misa de novenario por Fernández Negrete.
Esas pruebas sitúan su muerte en marzo de 1869, probablemente en la primera semana, no en 1875. Incluso un ministro capaz de protagonizar un episodio parlamentario célebre y de dejar su firma en una ley trascendente puede acabar con una fecha mal copiada durante generaciones.
