Los días 17 y 18 de enero de 1784, Tineo dedicó dos jornadas de festejos a un vecino que llevaba más de cuarenta años lejos de su aldea natal. Hubo música, fuegos y versos para Pedro Rodríguez de Campomanes, nacido en Sorriba y convertido en gobernador del Consejo de Castilla. El nombramiento tenía un matiz curioso: era interino. A sus paisanos no les pareció razón suficiente para esperar.
Carlos III lo había designado el 31 de octubre de 1783. Apenas habían transcurrido dos meses y medio cuando Tineo celebró el ascenso de aquel hombre de sesenta años. No era una distinción decorativa. El Consejo de Castilla intervenía en la justicia, la administración y buena parte del gobierno interior de la monarquía. Campomanes llevaba muchos años en sus despachos; ahora estaba al frente.
Las fiestas inspiraron una composición de Eugenio Antonio del Riego, vecino de Tuña y padre del futuro general Rafael del Riego. En sus versos, dos pastores imaginarios del Narcea narraban el homenaje. Su autor y la historia de aquella égloga tienen suficiente interés para una crónica aparte.
De una aldea de 18 vecinos al gobierno de Castilla
Campomanes había nacido el 1 de julio de 1723 en Santa Eulalia de Sorriba, que entonces contaba con apenas 18 vecinos, frente a los 94 de la villa de Tineo, según la documentación estudiada por la historiadora Concepción de Castro. Su familia era de hidalgos modestos, con propiedades en Sorriba y Arganza: ni una gran casa cortesana ni el relato de pobreza extrema que a veces se atribuye a quienes nacieron en el campo.
Su primera orientación parecía muy distinta. En 1736, Pedro y su hermano Francisco recibieron la tonsura, paso inicial de una posible carrera eclesiástica. Francisco siguió ese camino; Pedro terminó dedicándose al Derecho. Marchó a Madrid y allí desarrolló una carrera que lo situó en el centro de las reformas de Carlos III.

Ocho años en la cumbre, primero como interino
En 1762 ya era fiscal del Consejo de Castilla. Desde ese puesto intervino en proyectos sobre agricultura, comercio, oficios y privilegios económicos. Quería, por ejemplo, facilitar el trabajo artesanal, mejorar su enseñanza y reducir los obstáculos que frenaban las actividades productivas. También participó en reformas que permitían a las mujeres desempeñar determinados oficios, aunque con las limitaciones propias de una sociedad muy distinta de la actual.
Era un reformador dentro del absolutismo, no un defensor de la democracia moderna: pretendía hacer más eficaz el reino sin cuestionar la autoridad de la Corona. Pero eso no volvía menores sus decisiones. Las normas que pasaban por aquellas oficinas podían afectar a comerciantes, labradores y artesanos de lugares tan alejados de Madrid como el propio concejo de Tineo.
El nombramiento provisional de 1783 acabó convirtiéndose en una permanencia de casi ocho años. Campomanes gobernó el Consejo bajo dos monarcas, Carlos III y Carlos IV. El 11 de septiembre de 1789, el segundo lo confirmó como gobernador en propiedad: pasó a ser titular definitivo de un puesto que llevaba ejerciendo desde 1783. La fórmula no significaba que el cargo fuera suyo de forma privada o hereditaria.
Una decisión que reaparecería cuarenta años después
En septiembre de 1789, recién confirmado, Campomanes presidió las Cortes reunidas por Carlos IV. Allí se trató una cuestión que acabó siendo decisiva para la historia de España: recuperar el sistema sucesorio que permitía heredar la Corona a las mujeres con arreglo al orden tradicional castellano. Las Cortes aprobaron la petición, pero la disposición no se publicó entonces. Fue promulgada en 1830, bajo Fernando VII, cuando la sucesión al trono volvía a ser un problema de primera magnitud.
Así de cerca estuvo aquel político nacido en Sorriba de algunas decisiones que terminaron marcando el siglo siguiente.
Tineo se adelantó seis años a Oviedo
El homenaje de Tineo de 1784 tuvo un motivo muy concreto: Campomanes era uno de los suyos. No tenemos constancia de que acudiese personalmente a aquellas fiestas; tampoco conocemos una visita posterior a su concejo natal suficientemente acreditada.
En 1790, con el nombramiento ya definitivo, la Universidad de Oviedo también celebró su ascenso. Allí los festejos contaron con música y una representación teatral titulada El triunfo del mérito. Los universitarios rindieron honores a un hombre de Estado; los tinetenses habían festejado seis años antes el ascenso de su paisano, sin esperar a que desapareciera la palabra «interino».
La relación con Tineo tampoco era exclusivamente sentimental. La Real Academia de la Historia lo recoge entre sus títulos como regidor perpetuo de la villa y concejo de Tineo. Era un oficio propio del régimen municipal de entonces; no significa que fuera alcalde ni que se ocupase personalmente del Ayuntamiento desde Madrid.
El cargo definitivo no evitó su caída
La confirmación de 1789 llegó, paradójicamente, cuando su influencia política ya empezaba a declinar. En la corte pesaban las diferencias entre el Consejo de Castilla y Floridablanca, el poderoso secretario de Estado. El 14 de abril de 1791, Campomanes fue apartado del gobierno del Consejo. La comunicación oficial invocó su salud y, especialmente, los problemas de vista; los historiadores han documentado también el conflicto político que rodeó la decisión. Recibió un puesto en el Consejo de Estado, pero perdió el mando que Tineo había festejado.
Por aquellos años se había enfriado también su relación con Jovellanos, antiguo protegido y compañero de ideas reformistas. El proceso contra el financiero Francisco Cabarrús los distanció en 1790. Sin embargo, en 1791 Campomanes nombró a Jovellanos albacea de su testamento: un gesto de confianza personal que sobrevivió al desencuentro político.
Campomanes murió en Madrid el 3 de febrero de 1802, a los 78 años. Su nombre quedó ligado al reformismo de Carlos III, al Consejo de Castilla y a la historia política española. En Tineo quedó también el recuerdo de aquellas fiestas de enero de 1784. La villa había organizado dos días de música y celebración por un gobernador interino al que todavía le faltaban casi seis años para obtener el nombramiento definitivo. No hizo falta esperar tanto para sacar los festejos a la calle.
