En septiembre de 1823, Rafael del Riego buscaba una salida por Sierra Morena. Su huida lo acercó a un lugar vinculado con su tierra: un pueblo organizado medio siglo antes en el marco de las reformas de otro tinetense, Pedro Rodríguez de Campomanes.
El general de Tuña trataba de escapar tras la derrota de sus tropas. Buscó ayuda y fue conducido hasta un cortijo conocido como el de Antonio Moreno o de los Baquerizones, en el término de Vilches (Jaén). Allí, el 15 de septiembre de 1823, lo sorprendieron y apresaron hombres procedentes de la cercana colonia de Arquillos. Ese detalle geográfico importa: la detención ocurrió en un cortijo de Vilches; sus captores eran colonos de Arquillos, adonde lo trasladaron antes de llevarlo a La Carolina.
Arquillos pertenecía al gran proyecto de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena impulsado por Carlos III. Y, al fundarse en 1768, estuvo a punto de recibir un nombre que en Tineo resulta inconfundible: Campomanía.
El nombre que casi tuvo un pueblo: Campomanía
Pedro Rodríguez de Campomanes nació en Santa Eulalia de Sorriba en 1723. Fue jurista, economista y uno de los hombres de Estado más influyentes de la Ilustración española. Carlos III lo situó en el Consejo de Castilla, donde trabajó en reformas económicas, administrativas y jurídicas. Una de aquellas iniciativas consistió en establecer familias extranjeras en territorios poco poblados de Sierra Morena y Andalucía.
El proyecto pretendía asegurar comunicaciones, cultivar tierras, crear núcleos de población y organizar nuevas comunidades con reglas específicas. Intervinieron varias figuras. Campomanes participó decisivamente en su elaboración normativa; el oficial de origen bávaro Johann Kaspar von Thürriegel reclutó colonos centroeuropeos; Pablo de Olavide dirigió la implantación de las Nuevas Poblaciones.
El Fuero de las Nuevas Poblaciones se aprobó mediante una Real Cédula de julio de 1767. Una investigación jurídica de José María Vallejo García-Hevia documenta el papel directo de Campomanes en el diseño de la normativa. Y un estudio de José Miguel Delgado Barrado y Laura Partal Ortega aporta algo todavía más elocuente: una descripción de 1768 que ya llamaba La Campomanía a unas posesiones anteriormente conocidas como el Teatino, antes vinculadas a los jesuitas.
La documentación local explica que se contempló el nombre Campomanía en honor a Campomanes, pero finalmente se impuso el topónimo tradicional de Arquillos.
Los fundadores habían proyectado un espacio con iglesia, casa del comandante, posada, pósito y viviendas para colonos. Llegaron personas de distintas regiones centroeuropeas, entre ellas territorios alemanes, suizos y austriacos. No es correcto suponer que todos los habitantes posteriores —y mucho menos todos los captores de 1823— procedían de Baviera: esa ascendencia debe acreditarse persona por persona.
Riego buscó ayuda donde había vivido años antes
La Carolina no era un lugar totalmente desconocido para Rafael del Riego. Según la investigación del historiador Francisco José Pérez-Schmid Fernández, había estado destinado allí en 1818. Tras su derrota en 1823 esperaba encontrar conocidos que pudieran ayudarle a continuar la huida.
Uno de los funcionarios que comunicó su captura, Juan José Caballero, afirmó en la prensa de la época que había alojado a Riego en su casa durante seis meses. Es su testimonio, no una prueba de la naturaleza de aquella relación. La coincidencia es significativa: el territorio al que acudió buscando ayuda terminó siendo el escenario de su detención.
Cómo lo apresaron los hombres de Arquillos
Los captores trasladaron a Riego desde el cortijo de Vilches hasta Arquillos y después a La Carolina. La investigación distingue el lugar de detención del municipio de procedencia de quienes participaron en ella.
El estudio de Pérez-Schmid reconstruye la intervención inicial de Vicente Guerrero y Pedro López Lara, que orientaron a los fugitivos hacia el cortijo. Entre los participantes armados figuran Ventura Mateu, alcalde pedáneo, y Josef Antonio de Araque, comandante civil de la colonia. Las versiones no coinciden en todos los detalles; no cabe reproducir supuestos diálogos como si fueran seguros.
No hubo una gran batalla. Fue una detención que dio enorme notoriedad política a sus participantes y abrió el camino al proceso y ejecución del general en Madrid.
Las recompensas concedidas a los participantes
La noticia de la captura corrió deprisa, y las autoridades de las Nuevas Poblaciones no tardaron en reclamar su protagonismo ante el nuevo poder absolutista. Las comunicaciones oficiales presentaban a los colonos de Arquillos como los principales responsables del apresamiento, mientras que el papel de quienes habían delatado a los fugitivos podía quedar relegado.
Fernando VII visitó La Carolina durante su viaje hacia Madrid. Un testimonio de su diario de viaje, citado por Pérez-Schmid Fernández, recoge que ante él comparecieron el cura, el alcalde de Arquillos y una treintena de participantes en la captura.
Hubo recompensas concretas. En diciembre de 1823, Josef Antonio de Araque fue nombrado tesorero de las Nuevas Poblaciones de Andalucía, con un sueldo anual de 800 ducados. A Ventura Mateu se le concedieron 4.000 reales. El estudio recoge asimismo gratificaciones a otros colonos y, para los hermanos López Lara y Vicente Guerrero, disposiciones sobre viviendas, trigo y dinero.
Las fuentes muestran que distintas autoridades reclamaron participación en la captura y que varios implicados recibieron cargos o gratificaciones.


